En los primeros años del monacato cristiano, pocos decenios después de la muerte del último Apóstol, había algunos monjes que adoptaron una vida de caminantes en el desierto, sin morada fija. Otros vivían más estables, pero completamente solos, como ermitaños.


Con el tiempo descubrieron que se necesita cierta forma de vida social e institucional para dar estabilidad y para proteger la vida de oración. De esta forma se afianzó la vida común o cenobítica, en la cual la misma comunidad está alejada de cualquier ciudad. Esta combinación de soledad y comunidad concilió el silencio de la vida apartada con las exigencias espirituales del amor fraterno.

 

Al escribir San Benito su Regla para cenobitas, los llama "el más fuerte género" de monjes. Las reformas del Císter, en el siglo XII, y de La Trapa 500 años más tarde subrayaron también este carácter comunitario. Los hermanos buscan la "voluntad común", es decir, están convencidos de que Jesús manifiesta para ellos su voluntad salvífica y trasformadora en la dinámica comunitaria de obediencia, diálogo, oración y trabajo.

 

El resultado es que un monasterio encarna la vida de la Iglesia entera. Es un órgano del Cuerpo místico de Cristo y lo que pasa dentro del monasterio, dentro de cada hermano, repercute en todo el Cuerpo. Es en este sentido que el Concilio Vaticano II habla de la "misteriosa fecundidad

 

 

 


 

 

 

apostólica" ejercida por las comunidades que centran toda su vida en la oración, en unión con la oración de Cristo. De allí proviene la importancia, en la vida de la comunidad, de la oración litúrgica, donde oración y comunidad se encuentran íntimamente entremezcladas.

 

El espíritu de la vida en comunidad se describe en lo que San Benito llama el "buen celo" de los hermanos: "Se soportarán con la mayor paciencia sus debilidades tanto físicas como morales. Se obedecerán con entusiasmo unos a otros. Nadie buscará su propio interés, sino el del otro. Se entregarán desinteresadamente al amor fraterno... Nada absolutamente antepondrán a Cristo, ¡y que él nos lleve a todos juntos a la vida eterna!" (RB cap.73).

 

 


Podés dejarnos tus intenciones para ser rezadas en el monasterio. Hacé click aquí.